Ahmad Manasra: el sistema de discriminación fomenta el terror futuro
nov 18, 2015

A partir del caso de Ahmad Manasra, una madre de cuatro jóvenes en Cisjordania reflexiona sobre la ola de ataques suicidas por apuñalamiento que se extiende entre algunos adolescentes palestinos.

Ahmad sangrando en la calle y luego en el hospital.

Esposado a la cama y sin recibir visita de familiares ni abogado.
Ahmad conducido ante el tribunal
Pocos días después de su arresto.

Procesado por “tentativa de homicidio”.

Nadia Harhash*

Ayer se filtró al público el video del interrogatorio de Ahmad Manasra, un niño de 13 años de Jerusalén. Yo traté de no mirarlo. La expresión en los ojos de este niño me persigue. Las imágenes de Ahmad sangrando tirado en la calle, con sus piernas desparramadas en una posición paralizada mientras una patota de judíos furiosos lo insultaba y maldecía, los policías mirando y la ambulancia a un lado, esperando que el niño se fuera a un destino más oscuro, es una escena que nadie que la haya visto podrá olvidar.

Este secuestro de la infancia es un crimen por el que todos y todas tendremos que pagar. Todos. Cuando un niño de 13 años decide convertirse en mártir o criminal, no es sólo el hogar el que lo impulsa a ello. Como madre, estoy cien por ciento segura de que esto no sale de los hogares. Es consecuencia de la educación, la desesperación y la discriminación implícitas en una falsa vigencia del estado de derecho.

Ahmad, como cualquier niño o adulto palestino, mira las noticias, camina por las calles de la discriminación. No necesita mucho para percibir o comprender. Probablemente asistió a una escuela municipal en su barrio. Cuando digo educación, cuando hablo de un sistema que destruye el aprendizaje, quiero decir en primer lugar las escuelas municipales israelíes. No es coincidencia que personas como yo nunca consideren las escuelas municipales como una opción. Hay una de estas escuelas en la colina frente a mi casa, y si algo he aprendido a lo largo de los años, es que estas escuelas están hechas para crear una generación de criminales. Como si juntaran a todos estos niños y se aseguraran de que nada bueno salga de ellos. Parecido a la rehabilitación para los criminales. Pero imaginen cuando esto se institucionaliza desde la más temprana infancia.

Si alguien pregunta por qué la gente manda sus hijos e hijas a estas escuelas, la respuesta es simple: mucha gente cree que la educación es una responsabilidad municipal natural y no va a invertir dinero en ella. Por supuesto, es un pensamiento elitista. Mucha más gente no puede pagar un colegio privado. Incluso cuando intentan hacerlo, los colegios privados no toman a todos. Por un lado, tienen criterios de selección, y por otro hay una escasez de espacio que limita la cantidad de alumnos que pueden ser aceptados. Al final, las escuelas de Jerusalén sirven para crear una generación de palestinos que acabarán fuera de la ley o, en el mejor de los casos, como fuerza de trabajo para Israel.

Por supuesto esto no es una generalización, pero es el caso muy a menudo.

Volvamos a Ahmad y su primo o amigo, jugando en las calles de su barrio al salir de la escuela, después de ser testigos de una semana de terror. El aclamado martirio del cuchillo. Un grupo de soldados en cada esquina de la ciudad, y en todos los barrios. Calles bloqueadas y puestos de control que brotan de golpe en toda Jerusalén. Para no mencionar que el único espacio de recreación para esos niños son las calles y parques de la vecina colonia judía Pisgat Zeev.

Si alguien quiere caminar por una calle limpia, o si quiere ir a un parque, sólo tiene que andar menos de un kilómetro para experimentar la vida como se ve en la TV. Una vida que te dice que tú eres diferente. Tú eres considerado un sub-humano. Tu destino es permanecer en esta contradicción entre lo que es la vida y lo que es tu papel en una vida que al final te conducirá a servir a ese otro lado de la línea.

Lo que sea que este niño haya hecho, fue consecuencia de la enseñanza que el gobierno israelí ha estado ofreciendo en Jerusalén durante años. Cuando las instituciones educativas se han convertido en forjadoras de patotas; cuando la discriminación es tan clara como cruzar una calle. Cuando un palestino es parado y humillado en medio de la calle a la vista de su hijo o su esposa, y tiene que ir a su casa y seguir siendo el padre, el modelo; cuando un niño mira la televisión y ve que otro niño de su edad ha sido asesinado porque fue a una manifestación, o simplemente iba de camino a la tienda para comprarse una golosina.

¿Por qué un niño israelí es diferente de un palestino? El niño israelí puede salir de su casa e ir a un parque en su vecindario, con guardias de seguridad rodeando el área para protegerlo; en un medioambiente limpio y agradable, creado para favorecer su buen humor; mientras el niño palestino sale de su casa y se encuentra con una montaña de basura alrededor de los contenedores que no han sido vaciados en muchos días; un parque que parece verde a la distancia, y al acercarte te das cuenta que se ha convertido en un juntadero de drogadictos, mientras la policía los mira con satisfacción. Una policía que significa sólo fuerza y violencia contra ti.

¿Es sorprendente que este niño decida apuñalar a un niño israelí? El odio que se manifestó cuando ocurrió el incidente; el odio que se refleja en la sala de interrogatorio, sólo prueba por qué una vida palestina no significa más que otro suicidio palestino un momento después.

¿Es ésta la nueva modalidad de limpieza étnica israelí para este pueblo? No me sorprendería.

Cuando una mujer joven camina hacia el guardia de seguridad israelí a la entrada de una colonia, y saca de su cartera un cuchillo que ni siquiera sabe cómo usar, obviamente sin experiencia alguna en la misión de “apuñalar”; cuando la juventud está enviando claros mensajes de desesperación, de que ya no puede soportar más semejante vida… podría ser un éxito para Israel. Un éxito en hacer que cada palestino o palestina consecuentemente tome la decisión de quitarse la vida. Sólo tienes que llevar un cuchillo de cocina y tratar de tocar con él a un israelí; y si no traes cuchillo, no tienes que preocuparte: el escenario de tu muerte está preparado para que haya uno.

Injusticia, desigualdad, deshumanización, discriminación es lo que define la situación.

Cuando le quitas a un pueblo la vida que merece tener, no esperes que le importe dejarte con vida.

Las escenas de Ahmad en la sala de interrogatorio están creando otro Ahmad que la próxima vez saldrá de su casa con dos cuchillos. Uno para atacar al israelí, y el otro para apuñalarse a sí mismo y asegurarse de irse para siempre.

Ahmad sangrando en la calle mientras los israelíes le gritan “¡Muere, hijo de puta!” y otros insultos (2:15′):

Nuestra realidad: entre la demonización y la justificación…

siempre peor que la imaginación

No estoy segura si se trata de una maldición, un karma, o simplemente una consecuencia natural de lo que está sucediendo.

Acabo de terminar de escribir sobre Ahmad Manasra y escucho que dos chicos de 12-13 años de edad, de Shu’fat (el barrio pegado al mío) trataron de apuñalar a un israelí en el tren ligero.

No es difícil imaginar la escena. Como tampoco es difícil imaginar lo que sucedió después.

Pero verlo todo filmado es aún más difícil que imaginarlo, en este caso. De alguna manera nuestra imaginación fantasea o demoniza lo que suele ocurrir. Y de pronto los videos nos muestran lo que realmente pasó, y la confrontación con nuestra racionalidad es inevitable… pero aun así, decidimos seguir tomando partido.

Y voy a tomar partido por mi lado. Al final, me niego a mirar este conflicto al mismo nivel. Porque estamos en una situación de desigualdad.

El incidente del apuñalamiento de ayer se hizo viral. Las escenas de dos niños siendo linchados eran tan tristes, frustrantes, que me provocaron rabia y devastación.

Sentí que lo que había escrito el día anterior era como una maldición, como si yo lo hubiera previsto todo. Sin duda, se trata de una situación que no necesita predicción. Todo es tan obvio; uno puede verlo todo con claridad.

Me desperté esta mañana con el video del ataque mismo, tal como sucedió. Lo miraba con la boca abierta, sintiendo el mismo shock de sorpresa que tuve cuando vi a esa mujer joven tratando de apuñalar al guardia de seguridad frente a la colonia. Pero aquí, sentía que me quemaba el corazón: era una escena con niños. Sin importar cuánto mi imaginación quiera demonizar o justificar, ver niños en todo esto es duro y brutal. Es una situación que nos involucra a todos, sin excepción.

Pero entonces, mientras lo miraba, me imaginaba a Chucky, el muñeco asesino. Estos dos chicos estaban sentados en el tren, y se lanzaron sobre el hombre (supongo que era un guardia de seguridad) y trataron de apuñalarlo. Tal vez la parte humana aquí fue excepcional para lo que hemos estado viendo en las últimas semanas: hubo una muy buena intervención humana. El hombre trató de alejarlos, tratando de defenderse. Los dominó fácilmente, y cuando sacó su arma ya tenía el control.

Eso es lo que debería ocurrir siempre.

Pero lo que ocurrió después del linchamiento, fue el resultado de una furia absoluta, que no puedo no justificar después de ver el video anterior. Y sin embargo, aquí viene la encrucijada: el miedo y la rabia que más tarde se apoderó del personal de seguridad contra estos niños fue una total demonización.

Sí, es cierto que imaginé a Chucky en el acto. Pero estos chicos no son Chucky. Ellos no lo hicieron por el gusto de matar. Seguramente vieron el video del día anterior de Ahmad Manasra, que tal vez era su compañero de escuela. O, para ser más exacta, la idea misma de asesinato o de violencia no es un fenómeno natural en ellos, sino sin duda una reacción derivada de la situación actual. (…)

El estado de terror que nos rodea es horrible, y sin embargo, inevitable… excepto si Israel cambia su actitud hacia la forma en que percibe a los palestinos.

Toda esta ola de atentados “suicidas” parece contagiosa. A veces pienso que un día ésta será llamada la era del “suicidio palestino por apuñalamiento”. Desde la ‘filtración’ del video del interrogatorio, la pregunta sobre por qué se filtró no se me ha ido de la mente. Está la idea de que podría haber sido filtrado para mostrar al público israelí que el interrogatorio no fue violento después de todo. No golpearon al chico, a pesar de lo que sucede en el interrogatorio. (…)

Y luego está el análisis de que lo filtraron para asustar a los palestinos. Algunos pueden haberse asustado. Nosotros los adultos sí que nos asustamos. Pero para los que tienen la misma edad que Ahmad, el resultado fue que trataron de replicar el acto.

Mientras pensaba sobre este ciclo de violencia: el terror produce terror, empecé a ponerme en los ojos de los israelíes: ¿qué deberían hacer frente a las provocaciones que amenazan su vida?

Estaba mirando por la ventana, pensando que la paz vendrá cuando todos nos volvamos más tolerantes. Y una escena apareció ante a mí en la distancia: estudiantes caminando y cubriéndose el rostro, y el olor del gas lacrimógeno escurriéndose dentro de mi habitación.

Pero si no hay nadie allí, pensé. Parecía un día normal. No había manifestaciones. Y sin embargo, el gas lacrimógeno disparado subía como nubes de fuegos artificiales desde atrás del muro.

¿Quién está provocando a quién?, me quedé pensando…

Hay un estado de ceguera en la sociedad, cada uno contra el otro.

Hay una insistencia en mantener la violencia entre las fuerzas israelíes.

Hay un estado de ausencia de la autoridad palestina. (…)

La realidad está llegando a ser peor que nuestra imaginación.

* Nadia Harhash es palestina y vive en Ramala. Publicado en su blog el 10 y el 11 de noviembre.

Traducción: María Landi.

Video más extenso del interrogatorio (11′, sin subtítulos):

Blog Palestina en el Corazón

Originalmente publicado en http://www.palestinalibre.org


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